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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
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26
Mar
2017
En el odio, las injusticias y las guerras, Dios… ni está ni se le espera
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Hay actitudes morales de la persona que son incompatibles con la búsqueda de Dios en cualquier circunstancia que se encuentre.  El racismo,  las actitudes xenófobas, sentimientos de prepotencia,  genocidio, encono…, todo es incompatible con la idea más vulgar de lo que es Dios. Quien siembra odio en su corazón, abusa de los demás, es engreído hasta el punto de figurar como prepotente, quien usa el poder para avasallar a los otros, recorre un camino que nunca transita Dios. Aunque no se conozca nada sobre Dios, todo el mundo imagina que Dios es un Ser Supremo, que todo lo que existe depende de él y que nunca el hombre puede arrogarse ser igual a Dios. Por eso, quien quiere hacerse un dios para los demás y dueño de sus vidas y haciendas se hace ciego para ver a Dios. Y quien destruye personas y haciendas en la guerra, pisoteando la vida de quienes llevan años luchando para crear un hogar y formar una familia y tener un hogar que luego destruyen las guerras, plantea un desafío a la idea de Dios. Si se creen ellos los dioses, ¿cómo van a buscar a un Ser Supremo en sus vidas? Sería dar al traste con todo lo que ellos piensan y desean para sus vidas. Y quien pasa la vida jugando a estar por encima de los demás, no aceptará que haya alguien por encima de él,  pues aun los alejados de toda religión positiva barruntan que existe un Ser Supremo.

Y, por cierto, no entiendo un Dios guerrero ni torturador de seres que él mismo ha creado. Por eso corro a preguntar a los sesudos en el Antiguo Testamento y a los rastreadores de lenguas semitas para que me explican estos textos de la Biblia: “Bendita seas, hija del Dios Altísimo, más que todas las mujeres de la tierra y bendito sea Dios, que te ha guiado… para cortar la cabeza del  jefe de nuestros enemigos” (Jdt 13,18) o las palabras con que tengo que rezar alguna vez:

“Se alegrará el justo de haber visto la venganza, sus pies bañará en la sangre del impío” (Sal 58,11) o también: “Yahveh se complace… para ejecutar venganza en los pueblos… para atar con cadenas a sus reyes, con grillos de hierro  a sus magnates” (Sal 149,7-8).

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13
Mar
2017
No tengo tiempo ni pa' respirar
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Eso me decía una persona. Comprendo su situación: hay que aprender a servirse de las invenciones tecnológicas en continuo aumento, hay que perfeccionarse en maestrías, cursos posgrado, formación permanente, postgrados,  marketing, especialidades, pasarelas, máster, cursos de reciclaje…. Me dan lástima los médicos que dejaron de estudiar cuando acabaron la carrera, los abogados que creen que con la carrera de derecho lo saben todo,  los técnicos de aviación que aprendieron con aviones que ya no se usan, los impresores  que solo conocen la vieja linotipia. Hoy hasta a los aspirantes a barrenderos se les exige conocimiento del inglés. Si no hay tiempo para nada. ¡Y, para colmo, hay curas que tardan una hora en decir la misa! Y me vienes ahora hablando de una nueva especialidad que hay que cultivar: buscar a Dios.

Pues, no. No propongo una nueva especialidad que necesite de cursos de especialización  ni de un nuevo máster ni de ejercicios espirituales anuales. Es solo vivir consciente y razonablemente. Y tomar las grandes decisiones de la vida (elegir profesión, estado de vida, solidaridad con los demás), consciente de que uno no es el centro del universo, que ha sido creado por alguien que está sobre mí y que la vida me pone en situación de escoger el bien y no el mal y practicar la justicia para con todos y no aprovecharse de los demás y ganarse honradamente el pan de cada día. Es lo que hace todo el mundo que se siente humildemente responsable, aunque carezca de tiempo para otros menesteres. Eso es una vida en búsqueda de Dios. Y, si además tienes la suerte de enterarte que hubo una persona, Jesús, que habló en nombre de Dios y nos salvó a todos, pues… miel sobre hojuelas.

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7
Mar
2017
Los católicos, cada vez menos en proporción
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Veo una estadística de los católicos que hay en el mundo. Son 1.228.621.000. Los católicos han aumentado en quince millones desde la anterior estadística. Pero resulta que el aumento de la población mundial ha sido de  90 millones de personas en ese mismo tiempo. Total: que el número de católicos disminuye sucesivamente en comparación al aumento de la población mundial; es decir, que los católicos somos cada vez menos respecto a la población mundial. Pero no me preocupa esa estadística. Es la ciencia de unos expertos en estadística que trabajan con computadoras y levantan correlaciones y tabulan bien los datos y correspondientes varianzas. Pero a mí lo que me gustaría saber es si en ese lapso de tiempo  hay más o menos personas que viven su vida y trabajan en paz y justicia para con todos, si hay más personas que en el mundo  se afanan porque haya menos sufrimiento de los enfermos y necesitados de ayuda, si hay más personas que dedican su vida al servicio de los demás o trabajan denodadamente por que haya una más perfecta convivencia; en una palabra, si hay más personas que entienden su vida como una tarea impuesta por quien les ha dado vida. Porque son éstos los que verdaderamente buscan a Dios, los que creen que  la justicia y el amor valen más que todos los intereses por los que se afanan los hombres. Pero, claro está, eso es una estadística ... que solo Dios conoce.

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1
Mar
2017
Los paganos … ¡al infierno!
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Con frecuencia he escuchado a los bienintencionados promotores de misioneros entre paganos justificar que, sin su presencia, son innumerables las almas que se van al infierno; sólo  por la multiplicación de misioneros se evitaría la muchedumbre de paganos que irán irremisiblemente al infierno. Me parece que eso no es justo. En los evangelios nunca se dice tal cosa. Si algo inculcó Jesús fue que la salvación de Dios era también para los paganos; lo contrario de lo que pensaban los judíos que se creían ser el único pueblo salvado. Por desgracia, esto ha sido alimentado con el célebre “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Hay que ver los distingos que hay que hacer para hacer aceptable ese adagio teológico. ¡Mejor que no se hubiera pronunciado nunca esa ambigua frase!  Es desconocer los millones de seres paganos que buscan y encuentran a Dios fuera de los caminos de la predicación cristiana. Dios no está atado a nuestras limitaciones en la predicación. Su buena voluntad ya les convierte en buscadores de Dios.

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21
Feb
2017
¿Qué me dices de los agnósticos?
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Está muy extendida la opción que se declara agnóstica respecto a todo lo divino. Yo no entiendo esa postura intelectual. Porque si pretende ante todo ser una afirmación de la supremacía de la persona humana (“el agnosticismo es un humanismo”, como reza uno de sus eslóganes), lo que más dignifica al ser humano es plantearse la existencia de Dios y rastrearlo en la vida. El ápice de la evolución del hombre en siglos es referirse a un ser supremo por encima de su propia realidad. Es un término que nunca llegaron a alcanzar los simios ni los antropoides; a partir de su planteamiento nació la raza humana. Desechar ahora ese planteamiento reduciendo lo humano a lo que está aquí abajo y es visible es renunciar al máximo desarrollo que ha llegado la inteligencia. No entiendo, por consiguiente, que ahora lo progre sea renunciar a esa conquista de la evolución humana. Sería tanto como defender un humanismo del futuro que fuera a-poético, a-cultural, a-científico  o a-místico. ¿O estoy equivocado respecto a lo que quieren decir quienes se proclaman agnósticos?

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7
Ene
2017
¿Se oculta Dios?
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Creemos que buscar el rostro de Dios es un entretenimiento o una libre tarea que nos trazamos a nosotros mismos,  pero es un precepto divino grabado en el corazón de todo hombre. Lo indicó el Salmista: “dice de ti mi corazón: Buscad mi rostro” (Sal 27,8). Es un precepto divino que en las religiones ha tenido variada expresión: consulta a Dios en el santuario;  buscarle donde pueda encontrarse; obrar pensando que está él delante;  actuar como si te viera; concentrarse  y percibir su voz…  Pero el rostro de Dios es la figura de algo inimaginable, una figura totalmente distinta de los mil rostros que podamos ver,  rostro tan singular que es inconfundible con los demás rostros. Ahí está lo singular de esta búsqueda, que no se termina en dar con una persona anteriormente conocida pues el ser de Dios no tiene figura humana. Buscarle no se acaba al dar con alguien que antes habíamos visto sino con alguien que nunca antes habíamos visto. Por eso el salmista reconoce su comportamiento: “Si, busco tu rostro” (v. 8), pero no lo encuentro como un rostro cualquiera. Y lo curioso de  la súplica es:  “No me ocultes tu rostro” (v. 9), acaba diciendo.  A veces, Dios oculta su rostro, pero ¿por qué?  ¿y a quiénes?   

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