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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
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16
Feb
2024
ESA NO ES MI GUERRA
3 comentarios

Leí hace unos días una noticia que me impactó. Todos los días tenemos que tragarnos largas disquisiciones sobre las armas modernas, sobre los elementos de destrucción que se superponen, sobre largos territorios ocupados y sobre la multitud de mandos de los beligerantes. Pero a veces la tragedia es mucho más honda y personal. En los territorios de Gaza, al sur de la Franja, una bomba del ejército israelí había caído en una pequeña ciudad donde la gente se hacina en hospitales y en poco espacio. La bomba mató a los principales ocupantes de un coche en que iban el padre y la madre de una familia. Murieron en al acto, pero quedó viva y herida la hija en el asiento posterior del coche. Sobreponiéndose a la situación, la hija pudo hacerse con un móvil y empezó a llamar en auxilio. Pasó un largo rato pidiendo auxilio y diciendo dónde estaba. Inútil. Cuando tiempo después llegaron en auxilio  ya la encontraron muerta. Así la tragedia afectó a toda una familia víctima inocente de la guerra.

Pensando si fueran  familiares míos, un gesto de odio y maldición me sobrecogería. Eso es la guerra. No necesito más explicaciones. ¿Para qué tanto armamento científico? Esa niña se fue al otro mundo odiando y maldiciendo éste, donde no le permitían vivir ni a ella ni a sus padres ni una mínima atención. Toda una rama de seres humanos barrida sin remedio.

Cuando describimos los horrores de la guerra sólo nos fijamos en los soldados que perecen o en las armas destruidas, pero olvidamos las tragedias de los individuos que son aniquilados, en seres humanos sin futuro. Hay que atender  a los pueblos devastados o a las familias desaparecidas ¿Quién piensa en que mi familia, mi linaje, mi pueblo son aniquilados y así toda conexión con la existencia real? No solo desaparezco yo, sino también todo arraigo y humanidad donde  poder vivir.

Un estremecimiento se apodera de mí cuando pienso que no sólo voy a morir yo sino la semilla de vida en un entorno humano; es como desaparecer parte de mi existencia solidaria en el mundo; me estremecen los gritos aterradores de quien pide auxilio a la humanidad ante unos padres muertos y petición desgarradora de auxilio.

La llamada de auxilio de la niña para mí es una evocación de lo que es la búsqueda de Dios. En el momento más duro de la vida y ante la falta total de recursos e impotencia de buscar una salida, solo Dios puede acudir en nuestro auxilio. Pero eso solo sucede cuando se ha renunciado a toda guerra entre seres humanos y… ese no es ese el momento presente. Para mí acabar con las guerras del mundo es acudir  a la petición de auxilio de una niña que ha perdido sus padres  y busca desenfrenadamente una ayuda.

A comienzos del presente siglo el Papa decía que esperaba que este siglo fuera el primero sin guerras. Pues se equivocó el Papa. Las personas llevamos siglos y siglos creyendo que las guerras son la solución de los conflictos.

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18
Ene
2024
Se proponen poner en cuarentena la loable bendición de personas
11 comentarios

Desde hace breve tiempo veo en todos los periódicos y revistas religiosas hablar y poner bajo cuestión el tema de las bendiciones sacerdotales a todo tipo de personas, incluso a quienes llevan una vida irregular o no conforme con la sana moral. Todo ello viene a propósito de una declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que lleva el título de Fiducia supplicans, sobre la bendición impartida a personas en situación irregular desde el punto de vista de legislación eclesiástica. Se cruzan reproches entre eclesiásticos y se hace bandera de partidarios y detractores, que secundan grupitos jaleados sobre todo en publicaciones no muy afectas a lo religioso. Pero sobre todo ha dado origen a que algunas autoridades eclesiásticas, como la Conferencia Episcopal de Angola y Santo Tomé en África Central y los obispos de Burundi tachen esa declaración de contraria a los valores culturales de sus naciones de modo que ningún sacerdote “pueda bendecir a los pecadores públicos que no hacen ningún gesto de arrepentimiento para renunciar a sus pecados”. Una actitud compartida en Camerún, República Democrática del Congo, Gabón. Ghana, Mozambique y Nigeria. En nuestra patria se han dado casos de plataformas de sacerdotes que apoyan esa postura, a los que ya han respondido adecuadamente el cardenal arzobispo de Madrid y el arzobispo de Toledo, además del secretario general de la Conferencia Episcopal Española.

Me sorprende -y personalmente me disgusta- que se ponga públicamente en entredicho por obispos y sacerdotes una acción tan religiosa y conforme con la tradición católica como la de dar la bendición a personas en cualquier situación en que se encuentren desde el punto de vista oficial. La bendición es una fórmula religiosa por la que pedimos a Dios el don de la paz y la salvación para cualquier persona y lo hacemos como un deseo propio del sacerdocio cristiano de la Iglesia, implorando a Dios estos dones que siempre vienen de él, que es lo mejor que podemos desearnos unos a otros y que solo Dios puede concedernos. Es una obra de caridad espiritual para el prójimo y de fe en que todo don de Dios es un bien para los seres humanos y para el resto de las criaturas o cosas usadas por ellos. Así se justifica la bendición de animales practicada estos días comienzo del año y la bendición de cosas de las que los seres humanos nos servimos, para que sean provechosas para todos y nos ayuden a llevar una vida en conformidad con los designios de Dios. Se implora a Dios dones que solo él puede otorgar a pecadores y no pecadores.

Y eso es todo. La historia de la Iglesia y la condición religiosa de todos los seres ha practicado siempre la petición de bendiciones para los humanos. Y ahora resulta que se cuestiona esta práctica en casos de personas con una situación irregular desde el punto de vista eclesiástico: uniones homosexuales, matrimonios de personas divorciadas y, en general, personas en situación irregular moralmente. A esos… ¡ni la bendición!  Como si todas las personas a las que se bendice en cualquier acto religioso estuvieran libres de pecado. La bendición no santifica sino implora de Dios lo que solo él puede conceder y otorgar: su gracia y su perdón. La bendición es implorar dones que solo están en manos de Dios, pero nunca es una canonización de las personas ni desconocimiento de la condición pecadora de los humanos. Está en cuestión la índole religiosa de los dones de Dios, cualquiera que sea la condición de los sujetos. Así ha sido siempre.

Y me duele especialmente porque pertenezco, aunque indignamente, a una institución religiosa fundada precisamente para “Benedicere” a todos los hombres.

La búsqueda de Dios es una búsqueda de los dones divinos en las diversas vicisitudes por las que pasa el ser humano siempre necesitado de gracia para toda la vida. Esa búsqueda se ratifica con la bendición sacerdotal.

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