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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
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11
May
2018
Tanto si Dios existe como si no, se le echa mucho de menos
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No he encontrado nunca una persona que esté satisfecha del modo como son gestionadas  las cosas púbicas, del modo como gobiernan los que tienen el poder o del modo como se llega a acordar y solucionar los conflictos  sociales. Da la impresión de ser imposible llegar a un acuerdo aceptable por las partes interesadas y que suscite la concordia de todos los ciudadanos. En todas partes se suspira por alguien que arregle esto, que imponga sensatez y cordura allí donde reina la confusión y el desmadre. No hay manera de ponerles de acuerdo. Y que sea por consiguiente alguien que está por encima de todos y sea autoridad indiscutida frente a la incongruencia de los humanos. Alguien que sea… Dios.

Tenemos el ansia de acabar las injusticias flagrantes que hay en todo el mundo, de dar razón a quien la tiene y de no embadurnar las cosas hasta el punto de hacerlas irremediables, de que quien tiene la razón sea el único triunfante en las luchas de las vida. No hay alguien que ponga de acuerdo a los que legítimamente piensan lo contrario. Y esto solo lo remediaria… Dios

Quisiéramos que todo el que tiene un sufrimiento de cuerpo o espíritu fuera consolado y ayudado en su situación, de que existan medicinas que remedien toda enfermedad, de que todos los enfermos tengan remedio en sus manos y que todos los desconsolados tengan el alivio pronto y sincero. Pero esto solo lo puede hacer… Dios

Por ello creyentes o ateos, agnósticos o meapilas reclaman a Dios que venga a arreglar este tinglado en el que estamos metidos y que nadie acierta a solucionar. Y somos nosotros los que lo hemos planteado y no podemos echar la culpa al Creador. Siempre se desea que otro arregle este desbarajuste, pero que lo arregle a nuestro modo ver, según nuestras convicciones personales y… a nuestro personal gusto. Eso … de no ser Dios no hay quien lo haga.

Pues, señores, eso por lo que suspiran conforme a sus gustos e idiosincrasia… pues es un tapagujeros. Eso no es Dios.

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13
Feb
2018
Sacar a Dios a la calle…
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Hace poco leía en una revista que presentaba su lema de vida pública religiosa como “sacar a Dios a la calle”. Respeto sus intenciones, que tampoco conozco en concreto, pero tengo la osadía de cambiarlo diciendo: “buscar a Dios en la calle” y no en propiedad sacarlo de lugares sagrados porque Dios ya está siempre en la calle. Me atrevo a pensar que eso es lo que pretenden muchas asociaciones que priman su carácter secular: Dios está en la calle, en los campos, en las montañas, entre las muchedumbres urbanitas y en los lugares más abyectos; allí donde hay un hálito de vida humana está el Dios de la vida y donde hay algo creado está el Creador.

Quien se tiene que mover buscando a Dios es la persona humana cuando se interroga por el sentido de su existencia, por el significado de libertad y por el valor que tiene lo que nos rodea. A Dios se le busca cuando se busca la razón del vivir, de esperar el futuro y del compartir con el prójimo sufrimientos, enfermedades, incapacidades, así como amor, alegrías o ratos de esparcimiento; en una palabra, se trata de dar sentido a todo lo que acontece a nuestro alrededor y de lo que en verdad nos pasa.

Es decir, buscar a Dios no es un divertimento o pasatiempo de birlibirloque, sino una tarea que nos resitúa en la vida cara a nuestros semejantes y cara a nuestro propio destino final.

El encuentro con Dios se da en la calle, en la vivienda o en lugar del trabajo, sobre el asfalto como sobre la tierra, al caerse del caballo o al subirnos a un medio de locomoción rápido… No hay nada determinado ni prefijado. Pero sí es cierto que cuando se realiza es lo más profundo nuestro y lo que más nos concierne. No es una aventurilla pasajera más, ni una anécdota que contar a nuestros contertulios en la barra; es más bien algo que nos altera profundamente. Que marca nuestra historia en la vida y que siempre abriría una página nueva de nuestro diario o un capítulo especial de nuestra biografía por escribir. Y sobre todo, que cambia nuestra manera de ver a los demás y nuestra manera de estar en el mundo como seres responsables.

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16
Ene
2018
La primera en la frente
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     La primera en la frente para que nos libre Dios de los malos pensamientos, decía el Catecismo. Porque en la frente está el cerebro que es el alimento de todas nuestras voliciones y decisiones personales. La libertad se trabaja en este órgano. Es lo más noble que Dios nos ha dado y es en él donde podemos originariamente encontrar a Dios, pues las huellas de Dios todavía están calientes y más fácilmente podemos rastrear sus vestigios.

     En cambio, nadie llamará buenos pensamientos a los gérmenes de odio a los semejantes, a las conductas dictadas por la prepotencia, al creerse el centro del universo y al querer sustituir a Dios en la existencia de la naturaleza, al creerse el ombligo del mundo y querer reemplazar a Dios en el gobierno del mundo.

     A esos demonios hay que espantarlos con la cruz y hay que librarse de todos esos malos pensamientos. Y pedir a Dios ser librado de esa primera tentación del desierto que afectó a Jesucristo. Porque es una tentación el desear tantas cosas buenas y hermosas como hay en el mundo, pero a precio de postrarse y adorar esos diosecillos de la insolidaridad, el avasallamiento del pobre, la desconsideración al que sufre dolencias físicas y el amor propio por encima de toda justicia; prepotencia en una palabra.    

    Y son tentaciones que pueden sobrevenir a nuestra mente porque están en los antípodas de lo que es buscar a Dios con corazón sencillo, compasivo, solidario y afable con todos nuestros semejantes. Dios no está en ese camino y nunca encontraremos en él a Dios quien camina por los caminos de la sencillez y humildad. Y que desconoce esas sendas tortuosas del amor propio  y orgullo.

     Malos deseos es el afán desmesurado de poder, envidia de todo lo que tienen los otros, ira ante quien ha rozado el chasis de nuestro coche, o quien inadvertidamente nos pisa el callo del pié y soberbia de vida de querer estar siempre por encima de los demás en prestigio y poder civil.

     A Dios se le busca desbrozando el camino, quitando tantas malas yerbas como nacen en el corazón del hombre. Porque no se busca a Dios con cualquier pensamiento  sino sólo con el que dignifica el hombre, con el que intenta hacernos progresar en la línea del bien y con el que reconoce que todas las criaturas son de igual dignidad porque todos ellas son hechas por un Ser Supremo.

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