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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
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18
Jun
2018
Hasta que Colón baje el dedo
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Lo hemos visto siempre en tantas estatuas del descubridor de América. Siempre con el dedo enhiesto e imperturbable señalando el camino a Occidente donde encontrar las Indias. Aquí mismo en la ciudad en la que estoy tenemos a ese imperturbable Colón apuntando siempre al verdadero camino. Pero es que hay muchos que también se pasan la vida señalando la verdadera solución. Lo oigo continuamente en los medios de comunicación social. Personas que afirman impertérritas que se acabarán con las víctimas del machismo el día que ellos suban el poder; personas que piensan que la inseguridad ciudadana acabará cuando ellos tengan el poder; quienes afirman que los juicios disparatados de los jueces se acabará cuando ellos lleguen al poder; otros afirman que la injusticia social se terminará cuando ellos triunfen en las elecciones; quienes afirman que este mundo será una balsa de tranquilidad y paz cuando ellos estén arriba… y así sucesivamente repiten el sonsonete cuantos está impertérritos señalando con el dedo.

Estas personas suelen ignorar que el mal existe siempre en el mundo. Que las cosas que van mal han existido siempre porque toda obra política es siempre un intento de arreglar algo. Hay que ser humilde en ese propósito de arreglo universal de  lo que está mal. Y no hay que ser tan optimista en creer que las cosas marcharán siempre a gusto de todos, entre otras razones porque los gustos de todos son infinitamente diferenciados, sobre todo en nuestros días en que “tot capita quot sententiae”.

El arreglo de la vida humana es tarea para rato. Dios mismo quiere arreglar las cosas y lleva siglos sin lograrlo, como lleva siglos tratando de enseñar a los hombres donde está la salvación y  sigue sin conseguirlo después de muchos siglos….

Solo los tontos son los que se fijan en el dedo cuando se está apuntando al cielo. Así son muchos de los que nos prometen infinidad de cosas señalándolas con el dedo. Pero ninguno de ellos se pone a trabajar y a cambiar ellos en su vida y por ello hacer presente a lo que se señale y no  decir a los demás hacia dónde tendrían que ir. Yo prefiero no señalar con el dedo destinos inalcanzables y sí  conseguir cosas día a día.

Buscar a Dios es buscar a quien es el supremo ser tolerante. Lleva siglos tolerando la sinrazón de los hombres, el olvido de sus leyes y soportando el mal del mundo. Es quizá la mayor enseñanza del Dios. La tolerancia y el soportar a todos los que no son como tu voluntad quisiera que fueran. Buscar a Dios es buscar a quien sostiene todo nuestro ser y no buscar a quien solucione lo que nosotros no podemos conseguir, Eso no es buscar a Dios sino buscar alguien que trabaje por nosotros.

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11
May
2018
Tanto si Dios existe como si no, se le echa mucho de menos
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No he encontrado nunca una persona que esté satisfecha del modo como son gestionadas  las cosas púbicas, del modo como gobiernan los que tienen el poder o del modo como se llega a acordar y solucionar los conflictos  sociales. Da la impresión de ser imposible llegar a un acuerdo aceptable por las partes interesadas y que suscite la concordia de todos los ciudadanos. En todas partes se suspira por alguien que arregle esto, que imponga sensatez y cordura allí donde reina la confusión y el desmadre. No hay manera de ponerles de acuerdo. Y que sea por consiguiente alguien que está por encima de todos y sea autoridad indiscutida frente a la incongruencia de los humanos. Alguien que sea… Dios.

Tenemos el ansia de acabar las injusticias flagrantes que hay en todo el mundo, de dar razón a quien la tiene y de no embadurnar las cosas hasta el punto de hacerlas irremediables, de que quien tiene la razón sea el único triunfante en las luchas de las vida. No hay alguien que ponga de acuerdo a los que legítimamente piensan lo contrario. Y esto solo lo remediaria… Dios

Quisiéramos que todo el que tiene un sufrimiento de cuerpo o espíritu fuera consolado y ayudado en su situación, de que existan medicinas que remedien toda enfermedad, de que todos los enfermos tengan remedio en sus manos y que todos los desconsolados tengan el alivio pronto y sincero. Pero esto solo lo puede hacer… Dios

Por ello creyentes o ateos, agnósticos o meapilas reclaman a Dios que venga a arreglar este tinglado en el que estamos metidos y que nadie acierta a solucionar. Y somos nosotros los que lo hemos planteado y no podemos echar la culpa al Creador. Siempre se desea que otro arregle este desbarajuste, pero que lo arregle a nuestro modo ver, según nuestras convicciones personales y… a nuestro personal gusto. Eso … de no ser Dios no hay quien lo haga.

Pues, señores, eso por lo que suspiran conforme a sus gustos e idiosincrasia… pues es un tapagujeros. Eso no es Dios.

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13
Feb
2018
Sacar a Dios a la calle…
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Hace poco leía en una revista que presentaba su lema de vida pública religiosa como “sacar a Dios a la calle”. Respeto sus intenciones, que tampoco conozco en concreto, pero tengo la osadía de cambiarlo diciendo: “buscar a Dios en la calle” y no en propiedad sacarlo de lugares sagrados porque Dios ya está siempre en la calle. Me atrevo a pensar que eso es lo que pretenden muchas asociaciones que priman su carácter secular: Dios está en la calle, en los campos, en las montañas, entre las muchedumbres urbanitas y en los lugares más abyectos; allí donde hay un hálito de vida humana está el Dios de la vida y donde hay algo creado está el Creador.

Quien se tiene que mover buscando a Dios es la persona humana cuando se interroga por el sentido de su existencia, por el significado de libertad y por el valor que tiene lo que nos rodea. A Dios se le busca cuando se busca la razón del vivir, de esperar el futuro y del compartir con el prójimo sufrimientos, enfermedades, incapacidades, así como amor, alegrías o ratos de esparcimiento; en una palabra, se trata de dar sentido a todo lo que acontece a nuestro alrededor y de lo que en verdad nos pasa.

Es decir, buscar a Dios no es un divertimento o pasatiempo de birlibirloque, sino una tarea que nos resitúa en la vida cara a nuestros semejantes y cara a nuestro propio destino final.

El encuentro con Dios se da en la calle, en la vivienda o en lugar del trabajo, sobre el asfalto como sobre la tierra, al caerse del caballo o al subirnos a un medio de locomoción rápido… No hay nada determinado ni prefijado. Pero sí es cierto que cuando se realiza es lo más profundo nuestro y lo que más nos concierne. No es una aventurilla pasajera más, ni una anécdota que contar a nuestros contertulios en la barra; es más bien algo que nos altera profundamente. Que marca nuestra historia en la vida y que siempre abriría una página nueva de nuestro diario o un capítulo especial de nuestra biografía por escribir. Y sobre todo, que cambia nuestra manera de ver a los demás y nuestra manera de estar en el mundo como seres responsables.

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16
Ene
2018
La primera en la frente
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     La primera en la frente para que nos libre Dios de los malos pensamientos, decía el Catecismo. Porque en la frente está el cerebro que es el alimento de todas nuestras voliciones y decisiones personales. La libertad se trabaja en este órgano. Es lo más noble que Dios nos ha dado y es en él donde podemos originariamente encontrar a Dios, pues las huellas de Dios todavía están calientes y más fácilmente podemos rastrear sus vestigios.

     En cambio, nadie llamará buenos pensamientos a los gérmenes de odio a los semejantes, a las conductas dictadas por la prepotencia, al creerse el centro del universo y al querer sustituir a Dios en la existencia de la naturaleza, al creerse el ombligo del mundo y querer reemplazar a Dios en el gobierno del mundo.

     A esos demonios hay que espantarlos con la cruz y hay que librarse de todos esos malos pensamientos. Y pedir a Dios ser librado de esa primera tentación del desierto que afectó a Jesucristo. Porque es una tentación el desear tantas cosas buenas y hermosas como hay en el mundo, pero a precio de postrarse y adorar esos diosecillos de la insolidaridad, el avasallamiento del pobre, la desconsideración al que sufre dolencias físicas y el amor propio por encima de toda justicia; prepotencia en una palabra.    

    Y son tentaciones que pueden sobrevenir a nuestra mente porque están en los antípodas de lo que es buscar a Dios con corazón sencillo, compasivo, solidario y afable con todos nuestros semejantes. Dios no está en ese camino y nunca encontraremos en él a Dios quien camina por los caminos de la sencillez y humildad. Y que desconoce esas sendas tortuosas del amor propio  y orgullo.

     Malos deseos es el afán desmesurado de poder, envidia de todo lo que tienen los otros, ira ante quien ha rozado el chasis de nuestro coche, o quien inadvertidamente nos pisa el callo del pié y soberbia de vida de querer estar siempre por encima de los demás en prestigio y poder civil.

     A Dios se le busca desbrozando el camino, quitando tantas malas yerbas como nacen en el corazón del hombre. Porque no se busca a Dios con cualquier pensamiento  sino sólo con el que dignifica el hombre, con el que intenta hacernos progresar en la línea del bien y con el que reconoce que todas las criaturas son de igual dignidad porque todos ellas son hechas por un Ser Supremo.

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