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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
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3
May
2019
Milagros sólo los hace Dios. Nosotros solucionamos problemas a base de mucho apencar
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Hay un estilo de vivir la fe como  si fuera un saco de milagros, se conoce de memoria las especialidades de los mil y un santos de la historia. Cada santo tiene su especialidad en hacer un determinado género de milagros y procura no invadir el terreno acotado por otros santos.

No entiendo esa ideología. El milagro es terreno exclusivo de la divinidad, que es la misma que ha trazado el orden de las cosas, orden que queda alterado por el milagro natural. Solo quien hizo una cosa la puede deshacer.

Y, eso sí, el Dios Padre de todos los hombres puede escuchar y atender las súplicas de cualquier hijo suyo. No veo otro camino. Si nos ayuda algún santo, mejor que mejor. Eso sí, es válido porque siempre hay quien está más o menos cerca del Todopoderoso.

En todo caso, a Dios invocando y con el mazo dando. Porque ese Dios nos ha dado una vida, unas fuerzas y unas capacidades de inteligencia, voluntad y sentimientos que ya son el mayor milagro que podamos recibir.

 

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16
Mar
2019
Ponerse al mundo por montera
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La búsqueda de Dios a veces nos obliga a romper totalmente con un pasado, en cualquier orden de cosas. En primer lugar, nos obliga a salir del estado de creerse el centro del mundo para pasar a reconocer que el mundo es obra de Dios y nosotros meros peones sin cualificación de la Providencia. Y nos obliga también en segundo lugar a romper con tantos intereses creados como hemos ido fabricando en nuestra vida y que condicionan nuestro futuro.

Hay que romper frontalmente con el pasado y hay que prescindir de todo compromiso con las cosas pasadas, como hace el torero que se pone el mundo por montera y sale a jugárselo todo, a por la faena de su vida.

Hay que sobreponerse al mundo de los prejuicios, de  lo que se lleva, de lo progre, de lo que tiene chic, de lo friki, y asumir nuestra propia identidad serenamente y en libertad. Identidad humilde, de peones, sin sueños de quimeras sino contando con nuestras limitaciones e imperfecciones pero reconociendo el gran valor de lo pequeño, del detalle pletórico de sentido. Que para Dios todo lo grande de este mundo es una nimiedad y lo pequeño de este mundo es lo que cuenta.

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6
Feb
2019
Morrocotuda tarea: Discernir en la propia vida
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En estos días nos llegan muchos mensajes de altas autoridades eclesiásticas sobre la tarea y el empeño de discernir en la vida, e incluso se propone como suprema tarea a la juventud de nuestro tiempo. Y como sumo empeño pastoral de la Iglesia. Es un estilo eje de la vida, pero que ahora se le atribuye ser método de trabajo. Se trata de introducir claridad donde no la hay, separar lo que es y lo que debe ser, emprender el camino recto y dejarse de caminos tortuosos, saber de antemano lo que debe emprenderse y lo que debe abandonarse, saber distinguir entre lo ideal y lo posible. ¡Morrocotuda tarea! Porque los caminos de la vida presente son muy numerosos, complejos, variados y escurridizos. Como no lo habían sido nunca en la historia pero hoy lo son por los avances técnicos, la sucesiva complejidad de la vida y las enormes posibilidades de cada sujeto siempre distinto de todos los demás. Y, aunque haya guías Michelín de todos los lugares, no hay guía para orientarse en las vicisitudes de la vida. Hay planos para orientarse en cualquier lugar pero no hay recetas infalibles para mi dolencia concreta. Es tarea peculiar de cada sujeto; podrá haber consejeros, experimentados o predecesores pero es irrepetible la elección de cada uno.

Total, que el discernimiento que se nos pide y propone nos complica mucho más la vida. Pues todo ello se aplica a nuestro lema de buscar a Dios. Hay que discernir dónde, cómo  y con qué consecuencias prácticas se hace la búsqueda de Dios. Y ¿a qué nos compromete el buscar a Dios en la vida?

El Papa ha recibido a los participantes del Capítulo General de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios a los que ha invitado al discernimiento y a la hospitalidad y a la misión compartida. Para Francisco, «el discernimiento lleva a la purificación de nuestra historia y de nuestro carisma, a separar el grano de la paja, a fijar nuestra atención en lo que es importante». También «impulsa a vivir el momento actual con la pasión que debe caracterizar la vida consagrada, ahuyenta la rutina y la mediocridad, y transforma la pasión por Cristo en compasión».

De igual modo, el Pontífice ha invitado a los miembros de la Orden a «un sereno discernimiento sobre las estructuras. Sus estructuras han de ser ‘posadas’ –como la de la parábola del Samaritano– al servicio de la vida, espacios en los que particularmente los enfermos y los pobres se sientan acogidos». «Creen redes “samaritanas” en favor de los más débiles, con atención particular a los enfermos pobres, y que sus casas sean siempre comunidades abiertas y acogedoras para globalizar una solidaridad compasiva» Como decía el Cardenal Aquilino Bocos “una iglesia que no discierne, va dando tumbos, pero si, aunque sea zarandeada, discierne, sale adelante”. Pues me atrevo a decir: un individuo que no discierne en su vida no anda por caminos que lleven a Dios.

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25
Ene
2019
Dar con el busilis de lo religioso
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He visto esta paráfrasis a unos textos de S. Agustín que me ha parecido acertada. Expresan bien el modo como Dios nos gobierna… respetando nuestra iniciativa personal o libertad.

No le exijas a Dios que te gobierne, 
a golpe de milagros, desde afuera; 
¡gobiérnate tú mismo! 
con responsable libertad, amando, 
y Dios te estará guiando 
¡desde adentro y sin que sepas cómo!

Lo más digno de nuestra fe en Dios es que obedece a una búsqueda personal. Dios se hace hallar como cuando los niños juegan al escondite con sus padres: se habían escondido para que el niño se crea que los ha encontrado. También Dios se hace el oculto en las muchas ocasiones de la vida para que nosotros tengamos el premio y satisfacción de haberlo encontrado.

La búsqueda es un uso responsable de la libertad personal moviéndose por los escondijos de la vida ordinaria. Con poca luz y como a tientas en las oscuridades de los acontecimientos, con pasos vacilantes y temor de tropiezos. Y sin distinguir los muchos objetos que atraen nuestra atención.

Y sin embargo en medio de tantas perplejidades, Dios nos está conduciendo desde dentro y alentando suavemente nuestra búsqueda. Búsqueda que no tiene otro contenido que ir rastreando las huellas del amor que Dios ha dejada en la naturaleza, en las cosas, y en las encrucijadas de nuestro propio espíritu.

Hay que agradecer a Dios que nos conduzca de una manera tan oculta y silenciosa. Sin aspavientos, sin cataclismos espirituales ni caídas ostentosas del caballo, sino  en los detalles significativos para nuestra mente, en las vivencias personales y en los detalles solo perceptibles de nuestra agenda personal, sin tener nada que ver con los fastos civiles ni religiosos. En una palabra, el encuentro con Dios solo consta en la agenda personal, no en los titulares de los grandes periódicos o en los anuncios de grandes hitos de la investigación científica.

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