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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
Sobre el autor

3
Feb
2022

Nos dan a veces la paz, pero no nos dejan vivir en paz

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Es difícil librarse de quienes nos asaetean constantemente con sus reclamos, sus pastillas para toda clase da males y sus recetas infalibles para todo tipo de dolencias. Son los bienhechores pródigos con medicinas para toda clase de enfermedades, sobre todo las del alma. Pero, al contrario, acompañar con la paz es estar al lado, empujar la carga, ocultar lo doloroso inexplicable, interponer el silencio cómplice, olvidar lo irremediable, perdonar con generosidad, hacer saltar una chispa de la esperanza en la absoluta oscuridad y poner una venda ocultadora donde ya no hay cura. Dar la paz es la expresión de un acompañamiento y no sacarse del bolsillo una receta prefabricada receta. Solo así se contribuye a sembrar la paz entre seres humanos.

Entre los que dan la fría paz  me refiero a los academicistas, liturgistas y fariseos de turno,  con su cadena interminable de preceptos, imaginando que Dios lo que quiere de nosotros es un ejército de personas perfectamente iguales y desfilando perfectamente uniformados y al unísono ante el sátrapa de turno que casi siempre son ellos mismos.  Son maestros del rigor y defensores inamovibles de rectitud en todos los detalles. Son fautores de soldados como los de terracota de Xi’an: todos iguales y del mismo material y según las mismas normas y perfectamente uniformados. Para ellos no hay otra paz que la de los cementerios, que continuamente nos desean pero no nos dejan vivir fuera de ella ni luchar por obtenerla en el día a día.

A Dios no se le encuentra en los desfiles uniformados ni el griterío ensordecedor de los campos de fútbol y sí en el cumplimiento minucioso de las obligaciones propias de cada uno y en el saber estar junto al necesitado de cualquier ayuda. A Dios no se le hace presente sacando una receta de la manga.

Empezar en la familia a llevarse bien con los demás, en el barrio o con los amigotes, en el lugar de trabajo, a estar atentos a sus necesidades y arrimar el hombro  en sus problemas; en una palabra, eso es construir la paz. Esa es la paz que desearía para mí.

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