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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
Sobre el autor

2
Nov
2018

¡Cuán largo me lo fiáis….!

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No hay mejor camino para no hacer las cosas que dejarlo para otro día. Y destaca sobre todo hablar de la muerte. Enfangados en la tarea de cada día, no hay tiempo para pensar en la muerte; para eso ya llegará el tiempo oportuno. Es equivocado pensar que la muerte es cosa de un futuro largo pues la muerte es cosa de cada día: vivir es ir muriendo cada día porque ya nunca se repetirán sus circunstancias; el instante en cuanto es pasado ya está muerto. Cuando vivimos estamos muriendo. Es falso que la muerte no existe cuando vivimos, como decía el epicúreo, pues al vivir estamos más cercanos al morir.

Pensar en la muerte no tiene por qué ser algo pesado o truculento. Es coger fuerza para vivir más inteligentemente, aprovechar el menor minuto. Más valerosamente y aprovechando más el presente. Vivir con la conciencia de la muerte hace más feliz y alegre el momento presente. Pero sobre todo ayuda más a cumplir responsablemente, más calculadoramente el valor del presente y más profundamente los negocios que llevamos entre manos.

Y a lo que iba. No quiero amargar la vida a nadie. Lo que quiero decir es que pensar en la muerte es la mejor manera de buscar a Dios. La muerte nos plantea un interrogante que solo Dios puede responder. Por eso la muerte es la encrucijada en la que tantos encuentran a Dios, el banco en que nos sentamos para charlar con Dios, la audiencia que se nos otorga para encontrarnos con un personaje, el encuentro de cafetería con alguien que hacía tiempo no veíamos.

Hay muchos que han encontrado a Dios al cuestionarse un sentido a la muerte de un ser querido o la relatividad de lo humano cuando la muerte de un ser conocido ha roto los proyectos e ilusiones y comprendido que no hay proyecto total sin contar con quien dirige el mundo de los vivientes.

No sé por qué se tiene de mal gusto el introducir la conversación de la muerte en cualquier circunstancia de vida, pues es más bien un refuerzo de la alegría, el goce y satisfacción de participar en la vida mortal lo que apoya esas vivencias. Porque hablar y meditar en la muerte es por tanto una inigualable búsqueda de Dios. Ese Dios que es sobremanera la Vida que no se acaba y de la que nos ha hecho partícipes según la fe cristiana al certificar la resurrección de su Hijo humanizado. Y por ello no es acertado darle largas con el conocido subterfugio de ¡Cuán largo me lo fiáis…!

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