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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
Sobre el autor

24
Sep
2021

Descienden los cumplidores de un precepto, pero ¿bajan también los inclinados ante la miseria del prójimo?

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La última estadística del CIS nos quiere echar un jarro de agua fría a los creyentes. En España la indiferencia ante lo religioso ha subido a 38’7% de habitantes. Los católicos que se confiesan tales ascienden a 56’6%, cuando hace veinte años su porcentaje era el de 83’1%.  Este porcentaje es más relevante entre los jóvenes de 18 a 34 años, de los cuales el 65’05% confiesan ser no creyentes. Además, ente el grupo de creyentes, el 32’6% reconoce que no va nunca a misa, si se exceptúan compromisos de bodas, bautizos, comuniones, etc.

No voy a cuestionar el interés de estas estadísticas para la pastoral y las oficinas de lo que ahora se llama en lenguaje del Papa Francisco “iglesia en salida”. Pero yo iba buscando una estadística de los que están en la línea evangélica, es lo que me interesa. Me preocupa saber la vigencia del evangelio en nuestra sociedad y el alcance la cultura católica, que no siempre coincide con el cumpli-miento de una legislación humana aunque sea eclesiástica.

Pues creo haber entendido el evangelio  que describe los auténticos creyentes en Jesús porque “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme” (Mt 25,35s).  Tal actitud no cambia si se es creyente o increyente,  cumplidor riguroso de ritos y ceremonias, o no. Ya Isaías lo había dicho: “El ayuno que yo quiero…: dar la libertad a los quebrantados, arrancar todo yugo, partir al hambriento tu pan y a los pobres sin hogar recibir en casa, cubrir al desnudo y no apartarse de tu semejante” (Is 58,6s).

Lo que quisiera conocer es la estadística de quienes cumplen con si trabajo, de quienes sudan a diario por llevar un trozo de pan a sus familiares, de  quienes educan a sus hijos en valores, de quienes aman al desvalido, reciben al emigrante , cuidan de los ancianos y tienen siempre una sonrisa para quienes conviven con ellos. Es decir, la vida honrada, respetuosa de la dignidad de toda persona y la de quienes andan solícitos por echar una mano a quienes lo demandan.  Estas máquinas dan el peso de la honradez muy ajustado, mejor que las encuestas callejeras hechas por muchos entrevistadores. Ese es el cumplimiento evangélico,  no la pose de alardear de creyente o increyente en el teatro de la vida o ir alardeando de la propia condición.

Las estadísticas, por lo demás, no reflejan las situaciones de crisis, de anhelo, de interrogación en que tantas veces está sumido el espíritu humano. La búsqueda de Dios se verifica infinidad de veces en estado de desasosiego, de inquietud, de desazón o de cuestionamiento en que el ser humano pasa crisis y perplejidades más o menos duraderas que no reflejan las meras estadísticas. Lo divino en la persona humana se verifica muchas veces en estado de insatisfacción, perplejidad  o desazón que la técnica estadística no sabe reflejar. No. La búsqueda de Dios no es reductible a gráficos y estadísticas y es, sin embargo, la cuestión que han de resolver  los estándares de lo que es la gran cuestión humana: su existencia y su destino final.

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