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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
Sobre el autor

6
May
2021

El intríngulis de la sinodalidad

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Parece que una de las vías recién abiertas a nuestro quehacer como cristianos es la sinodalidad. ¿Y no sabíamos eso? Pues sí,  nuestra contribución a las obras de caridad de la Iglesia, nuestra colaboración en las obras de la parroquia o nuestra pequeña contribución a las obras misionales pontificias son obras de sinodalidad. La única condición es ser obras de los bautizados y tratarse de obras solidarias y fraternales abiertas a todos los que comparten nuestra fe y caridad.

Las obras de solidaridad no son solo competencia de obispos y curas sino de la totalidad de los fieles en su condición de tales y llevan siempre el marchamo de lo público y eclesial. Lo solidario, lo hecho en fraternidad y cumplimiento del mandato misionero de Cristo. Si, por el contrario, nos aislamos y creemos que solo los que tienen autoridad son los responsables del mandato testimonial de Cristo… volvemos a las de siempre. Eso no, por ahí no.

He sido muchos años profesor de estos temas teológicos, pero reconozco que nunca usé este vocablo. ¿Cómo es posible? Pues porque tampoco los usaban la máxima autoridad de la Iglesia ni el común de los teólogos. Pero ahora es el mismo Papa quien me empuja a ello y nos dice que sinodalidad es una nota de la verdadera Iglesia. Ni siquiera el Vaticano II la usa, quien sí usó mucho el vocablo la colegialidad como uno de sus temas estrella del concilio. Pero la colegialidad es una nota del poder y autoridad de la Iglesia. Y ahora no se trata de la autoridad vertical sino de la operación de toda la iglesia en su conjunto, del sensus fidei de todos los cristianos, de la obra común de testimonio y acción de toda la Iglesia. Es un modo de proceder que define lo eclesial como tal, la condición sagrada de todos los fieles que involucra a todos y cualifica lo genuino de su actividad. Es una dimensión constitutiva de la eclesialidad y no del gobierno dentro de la Iglesia. La colegialidad no es más que una característica de la vida interna del poder dentro de  la Iglesia; no una descripción de lo eclesial. El Papa la definió: “una iglesia sinodal es una iglesia a la escucha… Es una escucha recíproca en la que cada uno tiene algo que aprender” (Discurso del 50 aniversario de la institución del sínodo de los obispos. 17 octubre 2015). Es la escucha del espíritu por parte de todas las iglesias y todos los bautizados. Es poner el punto de mira en una renovada eclesialidad sinodal. Y nos aleja del triunfalismo, autoritarismo y clericalismo en que tantas veces se ha movido la acción de la Iglesia que así aparecía y era en realidad una acción de una sociedad desigual y jerarquizada y no de una sociedad fraterna. Es fruto de una noción del pueblo de Dios que de éste sí que hablé mucho en mis enseñanzas. Todo y ante todo somos fieles, antes que cualquier otro rango advenedizo y temporal o cualquier carisma. Lo uno es lo que somos, lo otro es el servicio temporal que desempeñamos; lo uno es permanente y definitivo, lo otro es temporal y adventicio y con jubilación. Así se prioriza la comunión antes que la diferenciación, la responsabilidad antes que la categoría pasajera con que se realiza esa responsabilidad, el sacerdocio común antes que el sacerdocio ministerial, la inerrancia de la totalidad del pueblo de Dios antes que la infalibilidad de una persona concreta.

Cuando se trata de buscar a Dios, hay que entenderlo ante todo como una obra solidaria de todos los fieles. Por supuesto, que todos los seres humanos de cualquier condición, rango, nacionalidad o credo pueden buscar a Dios y hallarlo en lo íntimo de su ser, pero si hablamos de una búsqueda  comunitaria, es una obra solidaria y virtual de todos los bautizados para la cual han sido destinados en el bautismo y movidos por la fuerza del Espíritu en su  Iglesia. Y hay la obligación de buscar la convivencia, participación y las decisiones en solidaridad de toda la congregación. Así como las discusiones y diferencias deben solventarse como fruto del sensus fidelium. Esa es la colegialidad sinodal que ha promovido al Papa Francisco. Todo discernimiento y elaboración de decisiones debe ir precedido por una eclesialidad sinodal. Por eso el Papa dice en su discurso citado con motivo del 50 aniversario del Sínodo de los Obispos: “La sinodalidad es el camino que Dios espera de la iglesia del tercer milenio” (17 octubre 2015). Hay que seguir reflexionando sobre esta nueva nota de de la eclesialidad en los tiempos actuales. Como dijo la Comisión Teológica Internacional: “toda la comunidad, en la libre y rica diversidad de sus miembros, es convocada para orar, escuchar, analizar, dialogar, discernir y aconsejar para las decisiones pastorales más conformes a la voluntad de Dios” (La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. 2 marzo 2018, n. 68).

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