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Blog Buscando a Dios

Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.

de Antonio Osuna Fernández-Largo O.P.
Sobre el autor

17
Feb
2022

Ni quito ni pongo rey…

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Se da veces una imparcialidad hipócrita. Nuestras acciones, en efecto, no son nunca neutras. Hay que comprometerse. Vivimos en una sociedad orgánica donde nuestras acciones redundan, lo quieras o no, en el conjunto y nuestras decisiones repercuten en los demás. Pertenecemos a una sociedad: un estado, un pueblo, una familia o un clan que vive con nuestras pequeñas contribuciones. Y su importancia se construye con ayuda de esas pequeñas actuaciones.

Dios está también en los entresijos de esa realidad y todos los fenómenos de que vive la humanidad alteran la Providencia divina. Jesús no murió solo por unos pérfidos judíos sino por toda la humanidad donde el mal sobresale en grandes cantidades por doquier. Es toda la humanidad la que ha alterado la providencia divina y la encarnación se hizo no por los depravados del pueblo israelita –que supongo que los habría como en todo pueblo- sino por todos los hombres, de cualquier credo o confesión, de cualquier tiempo pasado o futuro, de cualquier raza y de cualquier condición. No cabe el subterfugio de yo no quería eso…, pero eso no existiría si no fuera por ti. Abunda en efecto la hipocresía en nuestras vidas.

No es legítimo ampararse en el mal comportamiento de los otros. Ni en la hipocresía de aparentar no tener falta, pues la muerte en la cruz ha afectado a todas las faltas: todos confesamos en verdad “por mi culpa”. Hay que asumir nuestra responsabilidad en el mal, no cabe refugiarse en ‘yo no pretendía eso….’, pero eso no existiría sin tu colaboración. Esa la individual, personal, la más anodina  justificación que hacemos porque otros lo hacen o porque mi señor me lo manda. No cabe escudarse en el mal comportamiento de los demás ni hay atenuantes por las circunstancias históricas. El mal del mundo está construido con pequeños detalles.

El mal del mundo está hecho de pequeñitos males, de actitudes hipócritas. Es lo que reconoció el asesino del rey legítimo cuando dijo: ‘Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor’. Así el asesino del rey legítimo, Pedro I, justificaba su homicidio que puso en el trono de España a una dinastía bastarda  cual son los Trastamara.

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